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En encuesta Mori de mayo del 2019, un 13% respondió que se puede confiar en la mayoría de la gente. ¿Qué ha pasado después de un año?, estamos viviendo tiempos de desesperanza y divisiones por todos lados, cada semana que avanza es peor a la anterior, nadie cree en nada ni nadie. Un ejemplo lo ocurrido en Chile Vamos estos días, la división marcará un antes y después en la centro derecha. Trabajo en equipo no existe. Si alguien propone algo se le cataloga de populista, si el que propone se siente atacado, responde este señor no tiene calle. Estamos viviendo una locura en nuestro país. No existe humildad y autocrítica.

Es necesario que entendamos como hemos llegado a la situación actual, como nos hemos convertido en un grupo de facciones divididas y enfrentadas. Y lo mismo que pasa en la política, también está reflejando nuestras vidas tal y como la vivimos hoy. Adhesivo para Chile podría ser el nombre de una serie de Netflix o Amazon sobre nosotros los chilenos. Estamos tan ocupados, convencidos que tenemos la razón en todo, que no necesitamos a nadie. La desconfianza nos ha invadido como una cruel enfermedad. Si entendiéramos que la confianza es el adhesivo de la vida, es lo que nos hace unirnos por una causa común, es la que nos hace colaborar y encontrar soluciones. Las crisis social, sanitaria, económica y emocional han puesto en evidencia la falta de este ingrediente básico para poder relacionarnos, este elemento que permite que dos o más personas crean, empaticen y caminen juntos. Este adhesivo llamado confianza. La desconfianza en las instituciones del país venía al alza desde hace varios años, debido a los múltiples errores y ambición desmedida.

Lamentablemente se han contagiado cada uno de los rincones de nuestra sociedad. Al igual que los valores morales los hemos ignorado, pareciera que la palabra confianza la olvidamos por completo. Es bueno que recordemos su significado: la confianza es una apuesta sobre las acciones futuras de otros. Es una expectativa sobre el comportamiento de los demás.

La ausencia de personas que construyan sobre lo positivo y lo que tenemos es evidente. Me resisto a pensar que ese tipo de liderazgos sea un recurso en extinción. Más que nunca necesitamos líderes que apliquen un adhesivo tan potente que tenga la fuerza para volver a unirnos.

No nos farriemos nuestro país, salir de esto dependerá de cada uno de nosotros. Todos somos responsables. El trabajo en equipo requiere confiar, respetar y cuidar al otro. Hemos estado lleno de dificultades y desafíos en el último tiempo, pero no perdamos la esperanza. Esperanza frente a la dificultad. Esperanza frente a la incertidumbre. Obama le llamó en su libro el 2008 “la Audacia de la esperanza”. En definitiva, ese es el mejor regalo que Dios puede darnos, la esperanza en recuperar la confianza perdida. No bajemos los brazos.

Jorge Retamal Rubio

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