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En la Araucanía, se perdió la capacidad de asombro dentro de los habitantes de la región, se habla poco o nada de las personas que sufren de la violencia, de su estado psicológico y social en el que quedan. Y son víctimas porque no tienen responsabilidad, ni menos sus familias de hechos históricos acontecidos en las últimas décadas y siglos. Hoy se informa con un titular más grande o más chico dependiendo del número de camiones quemados.

Conformándonos con presentar una querella, en señal máxima de preocupación se envía un mesías, atacando las consecuencias y no las causas, reduciendo a la región a temas de seguridad y pobreza. Ha quedado claramente establecido que ha fracasado esta forma de comunicarnos y deberemos desaprender para aprender una nueva forma de relacionarnos.

En la Araucanía ha fallado todo, y me incluyo porque he sido autoridad del estado. Ha fallado el estado de derecho, la política, la justicia, los medios de comunicación, la visión y empatía de algunos empresarios locales, la falta de diálogo inteligente que no ha sido capaz de revertir la violencia. Del no parlamentar y parar la violencia tienen responsabilidad la clase política, los gobiernos y la dirigencia Mapuche. Existe un conflicto entre los propios Mapuche, que deben resolver ellos mismos, los que se rigen por las reglas del conocimiento Mapuche, los que se quieren imponer por la fuerza y un enorme grupo que observa en forma pasiva.

Hemos tenido una forma de relacionarnos sesgada, paternalista, centralizada, reactiva, asimétrica, retrógrada, basada en la desconfianza y el asistencialismo. Hemos omitido que nuestros genes y épica de los pueblos originarios son parte de nuestra propia identidad. Nos olvidamos por completo de respetar su cultura, recuerdo una conversación con un amigo Mapuche, sobre la alarmante disminución de personas hablantes de lenguas indígenas, que me dijo: “Nos quitaron la cultura, pero no nos dieron la de ustedes”.

Será necesario para construir las confianzas quebradas, en el Chile actual, desafiar los mitos y discriminaciones en contra de los Mapuche de la sociedad civil, también un estado capaz de cumplir sus promesas, planes hacia la región y población indígena y finalmente una dirigencia Mapuche que sea capaz de llegar acuerdos y cumplirlos, respetando a sus autoridades tradicionales.

Habiendo trabajado directamente en temas que afectan a la región, pude constatar su enorme complejidad, problema histórico y político, que provocó un abandono del estado por décadas, que requiere con urgencia una forma de relacionarnos más humana, que tomemos conciencia que somos hijos de una misma tierra y que es fundamental que el estado en su conjunto no baje la guardia de priorizar siempre la región.

El COVID19 nos ha hecho tener tiempos irrepetibles con la familia, de reflexión, y de entender que nuestras vidas cambiaron para siempre. Aprovechemos este tiempo de mayor sensibilidad en que las emociones afloran y ponernos en el lugar del otro, para encontrar interfaces complementarias de reparación, reconciliación y solución que permitan ver la luz a nuestros hijos y futuras generaciones de la región de la Araucanía.

Jorge Retamal Rubio

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