Lo que sucede en la Araucanía y en la provincia de Arauco se aproxima aceleradamente a un callejón sin salida.
Tal vez la luz que queda es el diálogo, pero no con fecha de inicio y de término, como han sido las diversas instancias que se han creado. Ha llegado la hora de darle la importancia y urgencia a esta palabra.
Alfredo Zamudio nos ha enseñado a los chilenos que el diálogo es un proceso y debemos diferenciarlo de una negociación. Diálogo no necesariamente conduce a una solución. Este proceso nos brinda herramientas para respetar las diferencias y no siempre aprobar la forma de pensar del otro. Nos permite superar prejuicios, aprender a escuchar más, hacer buenas y mejores preguntas. Nos ayuda a superar los miedos que sirven para detener los avances y no son útiles para construir puentes para llegar a los lugares donde no podemos. Dialogar es para valientes, con el diálogo se reconstruyen las confianzas y como es un proceso, con los espacios de confianza que se generan se construyen instancias de colaboración y en ocasiones soluciones.
Muchas veces me hicieron la pregunta ¿Cómo se resuelve el conflicto en la Araucanía? lamentablemente hoy no tiene una respuesta. Lo único que podemos hacer diferente es tomar la decisión de iniciar un proceso de diálogo permanente. Una nueva forma de relacionarnos, sin apuro, que trascienda las contiendas políticas, los gobiernos de turno y los intereses de unos pocos. Que sea el espejo de la sociedad diversa y compleja que somos.
Estamos llegando a un callejón sin salida y debemos tener la voluntad y valentía de dialogar con los diversos sectores sociales sin restricción alguna.
Un centro de diálogo permanente para nuestra región debe ser un desafío impostergable que permita mejorar nuestras capacidades de comunicación horizontal, de reconstrucción de confianzas y un catalizador de mecanismos de colaboración.
Se han creado diversas organizaciones a lo largo de la historia, pero nunca desde 1881 se ha creado una instancia permanente que permita encontrar en el diálogo una oportunidad de un mejor futuro para las próximas generaciones.
Se invierte en caminos, infraestructura, etc., pero no se invierte en diálogo. Porque se cree que no es necesario. ¿Para qué? Preocúpate de los números fue la respuesta que recibí en una oportunidad. Reaccionemos, se nos está yendo de las manos, por falta de entendimiento, valentía y por mantener las cosas status quo. Creo que llegó la hora de crear un centro de diálogo permanente, con una orgánica y estructura, que coordine y garantice el proceso y la transformación pacífica del conflicto en nuestra región. Llegó el momento de ser protagonistas y no espectadores.
Jorge Retamal Rubio
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