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Después de un episodio de alta connotación en la Araucanía se empieza hablar de ella y pareciera que pasa a ser prioridad. La preocupación se apagará hasta que haya otra “urgencia” en otra parte del país. El gobierno tiene una responsabilidad que esto no ocurra, es de esperar que descongele las ideas y las autoridades asuman que lo que ocurre es de la máxima gravedad.

Hace unas semanas escribí que estamos llegando a un callejón sin salida y debíamos tener la voluntad y valentía de dialogar con los diversos sectores sociales sin restricción alguna. Entendiendo el diálogo como un proceso. Un centro de diálogo permanente para nuestra región debe ser un desafío impostergable que permita mejorar nuestras capacidades de comunicación horizontal, de reconstrucción de confianzas y un catalizador de mecanismos de colaboración. Inspirado en crear un ambiente propicio para dialogar, que coordine y garantice el proceso y la transformación pacífica del conflicto. Si es necesaria la ayuda internacional para garantizar el proceso, se debe hacer.

La paz no llegará a la Araucanía si no entendemos que deberá haber un largo proceso de diálogo capaz de generar entendimiento, empatía, reconocimiento, reconciliación y reparación.

Hay diversas iniciativas en países que han tenido complejos conflictos como los que estamos teniendo y han recurrido al único camino posible, el diálogo, pero lo han hecho con convicción y en forma seria.

Nuestra región está contra el tiempo y necesita con urgencia constructores de paz, personas con corazón grande que salgan del statu quo y sin miedo participen en la reconstrucción de la paz de la Araucanía.

En nuestra querida región hay más de 50.000 estudiantes universitarios. Si le pidiéramos a cada académico que destine 10 min a la semana a hablar de la Araucanía a esos jóvenes talentosos. Que un 5% sensibilizara, tendríamos 2500 constructores de la paz. Necesitamos, reeducar, desaprender y aprender de la historia y de una cultura en el territorio que co-habitamos que no ha estado visibilizada por muchos años y de la cual sabemos sólo el nombre. Hay tanto por hacer, no les pidamos tesis que no sirvan para nada, que se empapen, tomen un problema de la Araucanía y ayuden a resolverlo. Que usen su tiempo, creatividad, capacidad de innovar, desde el hermosamiento de pueblos y de barrios, superación de la pobreza, seguridad alimentaria, acceso al agua, capacitación, motivación a otros, educación en resolución de conflictos y procesos de diálogo, valores humanos, la complementariedad de las ciencias y los conocimientos tradicionales, salud y medicina ancestral, alfabetización digital de adultos mayores. Constructores de Paz que promuevan la reconciliación y cariño por esta región que tiene parte de los paisajes más bellos del mundo y una diversidad cultural privilegiada.

Jorge Retamal Rubio

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